Ver una entrada al azar

jueves, 28 de mayo de 2026

"Sé libre" poemas de Souad Zakarani

 

Sé libre
 
 Sé un pájaro libre.
 Extiende las alas de tu espíritu
 Y no lo dejes atrapado
 En una jaula tras las rejas de la monotonía.
 
Desde lo más profundo de ti surgen preguntas
 que se elevan con arrogancia hacia tu mente:
Cómo puedo volver a cantar?
Quién levantará las restricciones que tengo?
Quién me abrirá las puertas ?  
 
Hay nuevas experiencias que te inspiran a vivir.
 Busca el camino hacia tu libertad,
 ¡anda! Sé como un pájaro y vuela.
 Hasta que explores los secretos de nuevas dimensiones,
 En círculos misteriosos,
 Lejos de una vida vestida de cenizas,
 Establecerás tu identidad.
 En l’oscuridad de la noche,
 en un momento que no puede ser percibido por los ojos,
 el pájaro finalmente podrá escapar. 
 
Deja que tus secretos salgan a la luz,
 Que crezcan y se entrelacen en el movimiento de tu interior
 hasta manifestarse en el mundo.
 Suelta el peso de los años
 que llevas dentro.
 Permite que tus deseos vuelen
 como un pájaro ligero en el cielo,
 Liberando las cadenas de tus anhelos
 y recuperando su libertad.
 
 
Para no dormir
 
Tengo miedo de cerrar los ojos,
oh madre,
Tu pestaña lanza una pregunta tras otra.
Hay una historia en tus ojos—dila.
Las palabras bostezan en mi boca,
han habitado allí lo suficiente.
¡Levántate, escombro!
¡Sal de mí!
Ya no quiero acunarte más.
Quizás pueda respirar,
con un cuerpo libre de sudarios.
Mándala fuera de nuestra casa.
¿Podemos ordenar la casa por última vez
antes del éxodo?
¿Podemos fotografiarla para el recuerdo—
guardar todas nuestras risas, llantos y gritos—
y luego partir?
Oh mar, alineado frente a nosotros
como un abrazo tímido
en un mundo que no es nuestro,
¿puedes enviar nuestro eco a los océanos cercanos?
Quizás una ballena gigante golpee la base del ocupante.
¿Podemos inventar un nuevo alfabeto
para el miedo, el dolor, el hogar,
para que el mundo escuche
ese sonido gris y constante sobre nosotros—
el zumbido de aviones,
el rugido de misiles
sobre lo verde, sobre la ruina,
sobre una lápida
escrita con carbón en una casa quemada,
la huella de un cinturón de fuego…?
No les diremos: “Les dijimos… y les dijimos…”
Mil veces, los ojos sorben del cielo
mientras buscamos calor
que nos lleve suavemente al sueño
bajo el balcón de nuestra casa,
un sueño continuo que hace cosquillas a las estrellas.
Quiero… bostezar.
Quiero… dormir.
Soñé que un líder hablaba—
¿Lo oyes, madre?
Los veo reír, alimentando pájaros.
Los veo jugar en el columpio del paraíso,
colores irisados brillan en un sueño arcoíris,
como una botella agitada—los sueños se mezclan dentro.
Madre, juro que lo vi:
un solo sudario en Gaza lleva
los cuerpos de tres mártires.
Entonces me convertí en un cuerpo agotado, cargado,
gimiendo de dolor.
Quiero oír el latido del sol—
o del corazón… esa esponja
que se ha vuelto dura.
Así caminamos nosotros—sobre plumas—
hasta alcanzar la cima del agotamiento
a plena luz del día, y decimos:
Oh Cristo… mañana
viviremos
 
 
Mi novio, eres un mar
 
Mi corazón crece en un momento fugaz,
Como el sol, cada vez que me duermo.
Caí en tu orilla lejana,
Como una pieza de oro en un pozo sin fondo,
Como una ola que se dobla tiernamente,
y vendrá mañana,
Tal vez se levante ruidosamente,
Como una barca que navega
 Entre los brazos del azul,
Que tiembla por la lujuria de la vela,
El azul que escapa de ahogarse.
... al que dejé un azul a mí alrededor
y un rocío de agua en mis manos.
Sin ti, soy una gaviota que ha perdido el cielo;
Se fue solo, perdido en mil años.
Sobre las arenas de tu playa,
 Seguí ese azul frente a mí.
La noche silenciosa es un mar silencioso
 Cuya voz está en mis oídos.
Tu voz es la única que
 Mueve las velas de mi alegría.
Tus olas recogen mis pedazos
 Como la eternidad que ha pasado.
Acariciándome, coqueteando conmigo,
 Se acerca sigilosamente para borrar
 mis pasos solitarios y me susurra:
«Pon tu manita —tu alma desnuda y sin dedos
— aquí, en mi corazón,
 en el que rugen las olas como una concha de mar vacía.
Acércate... acércate... ruega por la longevidad,
que las aguas del mar envejezcan en el seno de la noche.
Un corazón palpitante en tu lecho.
Volvamos... volvamos... volvamos... mar,
Como el eco de una canción de amor en los labios
De los pescadores.
Allí te das cuenta de que mi barquito
 Ha perdido su vela entre tus pliegues.
Allí soy el que te vio y te llamó,
Una gaviota se volvió hacia mí y se posó cerca de ti.
Amortiguaré mi respiración mientras
 Mojo mis dedos con agua salada.
«Huele a todo».
Me levanto y me paro como una roca
 Puntiaguda mojada con la espuma de tu ola.
Más rápido... más rápido mis pasos,
Para que no se apague la luz de mi balcón
Te busco en mis poemas:
 Orillas que se extienden hacia destinos desconocidos.
Trenzas que saben viajar a lo largo y ancho
 Y luego volver al ritmo de las gaviotas.
Ella me dice: «No debes olvidar que el mar...
Todo el mar ama la tinta desde siempre
Y desde su silencio,
 Traza tus huellas sobre la arena para que...
 El amor no se quede solo.
Siempre te susurra:
-Al mar
 
 
*Souad Zakarani.
Escritora, poeta y traductora marroquí. Después de obtener su licenciatura en literatura francesa y su maestría en literatura inglesa, trabajó como profesora de idiomas extranjeros en un instituto de idiomas en la ciudad de Casablanca. Domina los idiomas franceses, árabe, inglés, alemán, español e italiano. Actualmente trabaja como traductora en un periódico local, y tiene contribuciones poéticas, narrativas y críticas en numerosos periódicos y revistas literarias locales e internacionales. Sus obras han destacado en muchas antologías en Austria, Alemania, España, Argentina, Australia, Reino Unido y Estados Unidos, como WELL READ Magazine, Hooligan Street Poetry, Revista Sofón, RESEARCH PLANET Jornal y Zest of the Lemon Vol. 3. Sus poemas fueron seleccionados para la lista corta del premio Ulrich GRASNIK Lyrikpreis 2025. Está trabajando en la publicación de su primer poemario en alemán y, además, le interesa traducir cuentos populares marroquíes a varios idiomas. 
 

lunes, 25 de mayo de 2026

"El Cerdo" cuento de Camila Savage

Despertó con la textura de papeles llenos de un líquido viscoso en la cama. Sin abrir los ojos aún, los tiró en el tacho, se estiró y buscó un Red Bull en la heladera. Abrió su computadora; Zaira no le había mandado aún el video que había solicitado: un plano general de ella sobre una manta roja introduciéndose un desodorante en el ano. Buscó videos en internet, pero ya nada lo saciaba. Había visto cada una de las diferentes posiciones y categorías: masoquismo, furrys, lesbianas, tríos. Franchesco gastaba todo su sueldo en suscripciones de Onlyfans, en videos pagos y en membresías premium. Como Zaira todavía no contestaba con su pedido, decidió ir al colectivo. 

Se cambió rápidamente y se subió al 90, vía Viale Tibaldi; generalmente hacía el recorrido hasta que estaba satisfecho con su cacería. Como eran las diez de la noche del viernes, sus presas iban bien vestidas, con vestidos y medias, o jeans apretados y escotes reveladores. Al subir, vio a una chica con cara angelical sentada al fondo del colectivo; miraba por la ventana. Tenía una campera grandota, de esas de motoquero que él detestaba porque no marcaban nada, y unos jeans acampanados; al estar sentada, no podía apreciar su figura completamente. Tenía el pelo negro y corto y era muy blanca; le recordaba un poco a Blanca Nieves. Se la imaginó vestida de princesa, pero hot, con un látigo. Le tomó una foto y se la pasó a Grok para que tallara sus fantasías. Tenía una cuenta, «El Domador 99», con miles de seguidores que lo alentaban. Allí publicaba las fotos. 

Luego se subió, junto con un par de amigos, una niña de no más de dieciocho años, con una cabellera rubia y larga y uno de esos rostros barrocos. Vestía un tapado de piel con lo que parecía un vestido debajo y unas medias blancas hasta la rodilla. Le tomó una foto; ella lo pedía, es más, seguramente lo deseaba al vestir de esa manera. La desnudó completamente con la aplicación. Ya estaba satisfecho. Antes de bajar, vio a la primera chica: lo miraba fijo. Tenía ojos claros y una mirada penetrante; estaba muy seria y susurraba por lo bajo. Él se estaba poniendo paranoico; no había forma de que esa chica supiera lo que hacía. Se bajó rápidamente del colectivo. 

En su casa se realizó un total de doce pajas. Zaira le había pasado el video: una obra de arte. La recompensó generosamente con la pensión de sus abuelos jubilados, que seguía cobrando a pesar de que ambos ya habían fallecido. Subió las fotos a la cuenta. Sus fanáticos lo amaban, le mandaban donaciones incluso. Cuando la cuenta cerraba, su comunidad de Telegram se organizaba y abrían otra rápidamente. 

Se fue a dormir pensando en la mirada de la chica de pelo corto, tocándose. Hubiese sido hermoso hablarle, incluso que esta lo confrontara. Hace mucho tiempo que no hablaba con mujeres en la vida real; con la única que tenía trato era con la encargada del edificio. Esta era gorda y canosa; no contaba.

Despertó y se sintió diferente. Intentó tirar los papeles, pero sus extremidades parecían fallarle. Su olfato estaba agudizado: sentía el género de las sábanas, las sobras de pizza del escritorio, el hedor del tacho de basura. Su contextura había cambiado; se sentía macizo. Abrió los ojos y se miró en el espejo de la habitación que daba a su cama. Vio un cerdo revolcado en su colchón y se asustó. La expresión del chancho también mutó. «Qué hija de puta», pensó, «qué re mil hija de puta».


*Camila Savage nació en Buenos Aires en el año 2000. Actualmente, se encuentra finalizando sus estudios en Comunicación y se desempeña como periodista musical y literaria. Su primer cuento fue publicado en la antología chilena Nuevos Autores Latinoamericanos: Dramas Humanos, participación a la cual le siguió su intervención en la antología Los Vidrios Secretos de una Casa. En 2026 lanzó su primer poemario, titulado Reminiscencias, y próximamente publicará su primer libro de cuentos, La Ciudad de los Puntos Ciegos.

viernes, 22 de mayo de 2026

"Trascender" pinturas de Adriana Díaz “Natsuko”


Nombre: Trascender
Técnica: Acrílico sobre tela
Medidas: 90x60cm
Año: 2023
 


Nombre: “La cara oculta del iceberg
Técnica:  Pintura acrílica sobre lienzo
Medidas: 100x70cm
Año: 2024



Nombre: Correspondencia
Técnica: Acrílico sobre lienzo
Medidas: 35x50cm
Año: 2023



Nombre: El vitíligo despigmentó mi piel, 
no obstante, pigmentó mi alma
Técnica:  Dibujo con lápices de colores sobre papel
Medidas: 70x50cm
Año: 2022



Nombre: Pureza (comenzar de cero)
Técnica: Acrílico sobre tela
Medidas: 90x60cm
Año: 2024



Nombre: Raíces cósmicas ancestrales
Técnica: Acrílico sobre madera
Medidas: 60x45cm
Año: 2025




*Con 14 años de trayectoria, la obra de Adriana Díaz “Natsuko” es un testimonio de la capacidad del arte para transmutar la experiencia humana. Bogotana radicada en Duitama desde hace 11 años, su camino artístico ha sido una poderosa herramienta de resiliencia y transformación personal. A través de su pintura, ha procesado tránsitos profundos como el duelo, procesos de salud y cambios vitales, convirtiendo la vulnerabilidad en una fuerza creativa que busca la sanación y el equilibrio. Esta honestidad emocional se entrelaza con una profunda admiración por sus raíces, su compromiso con la cultura Muisca y la defensa de lo ancestral la llevó a ser ganadora en Pueblito Boyacense (2025) y a ser seleccionada en el VII y VIII Salón BAT de Arte Popular. Como gestora cultural y líder del Club de Arte Vivo, colectivo que integra con su hermano (Escritor y Psicólogo) integra la promoción de lectura y la meditación, entendiendo el arte como un servicio para el despertar de la consciencia colectiva. La propuesta que presenta en esta ocasión es el cierre de un ciclo de maduración: una transición desde la figuración emocional y el arraigo a la tierra, hacia su actual y fascinante exploración de la Geometría Sagrada. Tras haber honrado la memoria de la materia, la artista se adentra hoy en el mundo etérico y la Luz Inmensurable, buscando en el orden cósmico el origen de todo lo existente. Con un pie en la sabiduría de la tierra y el otro en la inmensidad universal, Natsuko nos invita a ver el arte como un portal hacia la libertad del espíritu y la conexión con la Fuente original.

jueves, 21 de mayo de 2026

"La niña que se volvió raíz" relato de Miriam Susana Rodríguez Roa

El parto había sido difícil.

La partera ,una mujer mayor, acostumbrada a ver la vida y la muerte mezclarse en la misma habitación, salió con la cabeza baja.

La madre no sobrevivió. El bebé sí.

En un rincón, una niña de cuatro años abrazaba a su hermanita mayor sin entender del todo lo que pasaba. Esa niña —la que un día se volvería raíz— tenía los ojos llenos de un dolor que todavía no sabía nombrar.

Ernesto Gatica quedó solo en una casa rural donde el silencio pesaba más que el viento pampeano. Era un hombre de campo, acostumbrado a la dureza, pero no a esta clase de soledad.

Tenía que salir al ganado, al alambrado, a la tropilla.

No podía criar tres criaturas solo.

En La Pampa de principios de siglo XX , la red de sostén eran las hermanas, las tías, las vecinas, las monjas.

Por eso es que fue hasta el puesto vecino en busca de su hermana, esa mujer fuerte, con hijos propios, dueña de unas manos que sabían sostener bebés y consolar niñas.

Y luego hizo lo que podía. Allí dejó al recién nacido y a la pequeña.

Pero Ermelinda tenía ocho años y para ella quería educación, disciplina, un lugar donde crecer sin que quedara atrapada en la rueda del trabajo rural.

Su hija era inteligente, despierta, sensible. Tenía una luz que él no quería apagar con la dureza del campo.

Amar es saber soltar y desprenderse de egoísmo, por eso tomó la decisión más difícil de su vida.

Las monjas la recibieron con un delantal limpio, un rosario y una cama.

Le prometieron educación, cuidado, alimento, un futuro.

Ernesto la visitaba religiosamente. Nunca faltaba.

Llegaba con el sombrero en la mano, con la voz quebrada, con la culpa y el amor mezclados.

El internado salesiano estaba junto a la Iglesia Inmaculada Concepción, el corazón religioso de General Hacha .Ermelinda creció allí, con el sol de la llanura entrando cada mañana por las ventanas altas para dibujar sombras sobre los gruesos muros de adobe blanqueado y el olor a jabón y a pan recién horneado.

Aprendió a leer, a escribir, a cocinar, a coser y tejer y a esperar. A esperar a su padre que nunca dejó de verla y al que ella quería, respetaba y admiraba profundamente.

Las niñas dormían en camas alineadas, comían, rezaban y se educaban juntas, y jugaban en un patio interno rodeado por galerías con rejas de hierro forjado.

Fue en esas rejas donde comenzó la historia.

El tiempo pasaba. Sus grandes ojos tenían el brillo del aprendizaje adquirido y la silenciosa tristeza que la abrazaba al llegar, había comenzado a disiparse.

Cada mañana, un muchacho pasaba con un carro tirado por un caballo manso, repartiendo leche fresca a la casa religiosa. Se llamaba Juan Roa.

Saludaba con respeto a las Hermanas, dejaba los tarros de leche, y antes de irse, buscaba con la mirada a la niña de trenzas oscuras que lo observaba desde el patio.

Al principio fue apenas un gesto: un “buen día”, un movimiento de cabeza, Una sonrisa tímida.

Pero con el tiempo, las monjitas empezaron a notar que Ermelinda se acercaba siempre a la reja cuando el carro llegaba. Y que Juan, sin faltar un solo día, se detenía unos segundos más de lo necesario.

No podían tocarse ni hablar más que unas pocas palabras.

Pero en ese mundo de silencios y límites, las miradas eran un idioma completo.

A los dieciséis años, cuando la costumbre de la época lo permitía, Ermelinda dejó el internado. Las hermanas la despidieron con un rosario, un vestido nuevo y una bendición. Su padre la esperaba afuera, emocionado, orgulloso.

Y allí, junto al carro de leche, estaba Juan. No hubo dudas. No hubo titubeos. Habían crecido mirándose a través de una reja.

Ahora podían caminar juntos. Y ese dìa con pocas palabras, con mucha esperanza y con la certeza de que la vida se construye de a dos, se casaron.

Tuvieron cinco hijos, Juanita ,la mayor y única niña, fue un ángel que los acompañò solo dos años , Pedro el que seguía a esa hermanita que nunca olvidaron, fue mi abuelo.

Ermelinda, esa mujer que vivió poco, pero lo suficiente como para unir dos mundos ,el de la tierra y el de la ciudad, el de la tradición y el de la modernidad, fue tan dulce como el almíbar de sus hojaldres, tan cálida como sus mantas tejidas a ganchillo, tan fuerte como para bordar historias más allá de sus hilos de colores. Ella, fue la abuela de mi madre: la raíz que no se ve, pero sin la cual ningún árbol permanece en pie.


*Miriam Susana Rodríguez. Cuando escribe le gusta sumar su apellido materno, por eso sus textos llevan como firma Miriam Rodríguez Roa. Nació en Florencio Varela, un municipio muy cercano a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, el 29 de junio de 1963. Es Educadora Preescolar y Auxiliar Psicoterapéutica y, como tal, facilita laborterapia y arteterapia. A finales de los años 80 estuvo al frente de un jardín de infantes barrial y, a partir del 2000, trabajó en principio en un hogar de ancianos; luego, durante catorce años, coordinó un taller protegido de producción que brinda espacio laboral a jóvenes con discapacidad intelectual. Más tarde tuvo la experiencia de pasar por un consultorio de rehabilitación y ser parte de un equipo interdisciplinario, donde su labor fue la de acercar la expresión artística a niños, adolescentes y jóvenes neurodivergentes. Actualmente su tarea se desarrolla en el ámbito educativo, realizando talleres artísticos-literarios en el nivel inicial. Desde siempre le gusta escribir, pero no hace demasiado tiempo que comenzó a publicar en blogs y colaborar en revistas literarias. Un relato inédito, escrito especialmente para la ocasión y titulado Guarda la lumbre a tu lado, forma parte de El arte de ser: Mujer, arte y discapacidad, una obra literaria que suma literatura y obras pictóricas de mujeres de Cuba, Ecuador, México y Argentina.

miércoles, 20 de mayo de 2026

"Cuando tú duermes" poemas de Ana Pobo Castañer


Cuando tú duermes 

Anoche amor,
el silencio era el propietario
del remanso vertical de nuestra alcoba.
La cortina sin querer
pugnaba por abrir la pequeña ventana a tientas
… y tú dormías…
y yo derramé la mirada
con ternura infinita
por el aura añil
de tu cuerpo en sombras.
Solo quise comprender
el mensaje de la luz que te adorna la frente.
Solo quise embriagarme
del perfume que pervive por tu adentro.
Solo quise descubrir
la constelación de vértigo que representas.
Pero tú dormías …
y yo no me atreví a tocarte,
tuve miedo de alterar el letargo,
me asomé al borde del ensueño
y vi que, olas invisibles de mar,
tropezaban contra mi horizonte descalzo.
Perdona que desee contágiate
la inmensidad del mar.
Perdona que ansíe cobijarme en tu pecho.
… no sé cómo pedirte
que me dejes vivir eternamente
en la cálida espiral de tus abrazos…
Anoche,
yo bebí amor
de tu sueño y tu silencio


Esperarte 

A veces,
en las noches desveladas sin tí
he tomado el rumbo
de la luna y del verso…
porque hay flores
pájaros
luces.
Voy a esperarte aquí
a la sombre del roble y sauce amigo,
con ese olor a silencio y a hierba grata.
Voy a esperarte aquí
porque la casa está repleta de rumores,
de cansancio, de prisas y de vacíos…
¡ Aquí sin tí las horas son
más largas cada día!
Dame la mano, amor,
para hallar en ti un calor distinto
para ver que en realidad existen
tus besos de mar y escarcha.
Dame la mano, amor
que quiero borrar
el enigma gris que soy en tu ausencia…
si supieras…
que maravillosa es el hoy
de estela azul
que me produces.


Mañana

Mañana
no quisiera abrir los ojos
con la desnudez total a que me acostumbran.
No quisiera amanecer
llena de aguijones preocupados,
conservando la memoria de un mal sueño,
o animando al vacío de tu ausencia,
si me desvelo, quisiera hallar
sencillamente,
tu sol agazapado en mi ventana
bebiéndose de golpe las tinieblas,
rompiendo la infinitud febril
que me limita.
Y así sentir
en ese instante eclipsado de los siglos,
como renazco a la longitud de una vida
creciendo aventado de silencios amarillos,
como llevo gaviotas mudas en las manos
que moldean versos a su antojo.

Mañana
Mañana no quisiera despertar
con esa ansiedad de luna por la sangre…
Mañana quisiera despertar
con un susurro de besos en silencio…
Todo me habla de ti.
¡Hasta el silencio!


*Ana Pobo Castañer, Pamplona, España, fotógrafa. Autora de los libros “Las huellas del Pasado”, “Teruel Histora” y “Arte El color de la ira”
Algunas premiaciones:
-Foto premiada en el concurso fotográfico de la Revista Mía, nº 1186 correspondiente a la semana del 1 al 7 de junio del 2009. Foto premiada en el concurso fotográfico de la Revista Mía nº 1189 correspondiente a la semana del 22 al 28 de junio del 2009. Foto premiada en el concurso fotográfico de la Revista Mía nº 1205 correspondiente a la semana del 12 al 18 de octubre del 2009. Seleccionada en La VI BIENAL INTERNACIONAL DE ARTE SIART BOLIVIA 2009. Una de las 5 personas seleccionadas para representar a España. Obra donada al Museo de Siart. Foto Seleccionada para la 1ª Bienal internacional de fotografía artística contemporanea de quito, ecuador, 2011. Única española participante. Foto seleccionada para Mail Attack 活动图片展厅(四)|121.48°E主办方:mailattack 时间:2011.7.24 10am—6pm 地点:上海 静安区 上海 静安区 西苏州路71号9楼 – TBWA S Shanghai - China. Foto seleccionada para la 8º BIENAL SICAFI, 8º SALÓN SICAFI, Centro Argentino Fotográfico Buenos Aires. Argentina, 2011.