*Cristina Capiello (Caracas, 11 de enero de 1943) es una artista venezolana que creció en el seno de una familia numerosa y se formó inicialmente en Filosofía y Letras en la Universidad Católica Andrés Bello, estudios que abandonó para dedicarse plenamente al arte. Inició su formación pictórica en 1965 con diversos maestros, desarrollando una base clásica en paisajes y bodegones, y perfeccionando el dibujo y el uso del color, lo que la llevó a una evolución hacia el expresionismo abstracto. A finales de los años sesenta realizó importantes exposiciones en Caracas, consolidando su estilo personal. Tras su matrimonio en 1971 se trasladó a Ginebra, donde continuó pintando, regresando luego a Caracas, donde obtuvo reconocimientos como el Segundo Premio del Banco Central de Venezuela y el Premio Creole. Su trayectoria ha sido ampliamente reseñada y recogida en publicaciones, destacándose por una obra de fuerte expresión cromática y tendencia neoexpresionista, caracterizada por la búsqueda constante de autenticidad artística.
sábado, 21 de marzo de 2026
"Desnudo" pinturas de Cristina Capiello
viernes, 20 de marzo de 2026
"Burbuja" poemas de Sandra Gudiño
Burbuja
el reloj de la cocina
El agua arrastra
pequeñas dosis de arcoíris
en remolino
como pan ácimo
de comunión cotidiana
La risa de los niños
envuelve el espacio
tanta dicha no
escribe
dentro del pecho
enfría las venas
¿Por qué
el aquí y ahora
se permite
postergarlo todo?
me pregunto
y admito burbujas
de una felicidad
perfecta
que no puedo
soportar
apurada la lluvia
viene nos desnuda
el río que remansa
dentro mío
enfría venas:
mal presagio
la niebla hace blanco
cada gesto en
el frío del amanecer
contra un viento
que te nace del centro
del pecho
y me empuja
se dejará caer?
incrustada
en las cuerdas vocales
al oído te ruego:
ya no más
esconde sed
bajo las sábanas
lloro bajito
aferrada al sitio
al que no tengo
cómo retornar
encajan como quiero
a temperaturas letales
de desamor
es pura soledad
y de la buena
Resiste
Años de lavar
la taza sola de desayuno
único plato del único
almuerzo
y para dormir litros
y litros de valeriana
de amnesia permanente
(finjo demencia)
cada minuto en compañía
lloro bajito
para no molestar
a nadie
Sandra Gudiño escribe para honrar la vida.
jueves, 19 de marzo de 2026
"Cumpleaños" relato de Karina Di Pasquale
Hoy
es el cumpleaños de mi madre. Reumática como se la ve, ahí va cumpliendo 90
años.
Como
es de imaginar, todos los vecinos vendrán por la tarde a degustar riquísimos
pasteles de crema y helados de sambayón, que mamá estuvo cocinando durante la
semana.
Hoy
no podré salir a jugar a las cartas con los muchachos ni me quedaré mirando
televisión, esas cosas que hago solamente en mis días libres, sería de muy mal
gusto no ayudarla a preparar la mesa y ordenar la sala para que puedan sentarse
cómodamente.
Mamá
cumple años y para eso le he comprado un regalo inolvidable. Un hijo que ha vivido tanto tiempo junto a su
mamá, la conoce de pie a cabeza, no hacen falta ya las palabras para darse
cuenta qué cosas la hacen feliz.
Desde
el martes fuimos comprando las bebidas en el almacén del barrio y así es como,
sin haber tenido que invitar a nadie, la noticia ha corrido de boca en boca.
Un
cumpleaños es algo que lleva preparativos. Tengo colgado en el sillón del
cuarto el pantalón nuevo que me compró mi madre y ya me dejó bien planchada la
camisa que siempre uso en las navidades. También ella se verá espléndida dentro
del vestido con flores de color borravino que le mandó mi hermana desde Italia.
Serán
las ocho, y después de cambiarse, encenderá el farol del patio, barrerá la
vereda y ahí nomás se quedará en la puerta esperando a que lleguen uno a uno,
todo el barrio.
Como
la conocen muy bien, después de tantas tardes de mates y bizcochos en la sala,
saben lo que a ella le gusta: se vendrán cargados de plantas verdes y frondosas
que mamá pondrá en la galería emocionada hasta las lágrimas.
Comerán
las tortas y beberán los jugos como en cualquier cumpleaños que se digne de
tal, y hablaremos de los tíos que han quedado en el otro hemisferio, de las
hijas del vecino de al lado, que se les ha dado por la danza y del nieto del
verdulero, que es cantante de tangos. Yo creo que contaré otra vez el episodio
de las vacaciones con mamá en Termas de Río Hondo, siempre divierte que lo
cuente, y sé que ella espera ese momento como a la novela de la tarde.
A
las doce y cuarto comenzarán a despedirse para salir todos juntos por el zaguán
diciendo al unísono muy agradecidos que la pasaron bárbaro.
Cuando
nos quedemos solos, un hijo y su madre, con la casa en silencio, rodeados de
vasos sucios y servilletas de papel, abrirá mi paquete. Lo hará con ansiedad, aunque ya sepa lo que
hay adentro: docenas de caracoles nerviosos y marrones. Feliz, los llevará
hasta las macetas que le han regalado y los colocará hasta cubrir cada tallo,
cada hoja, tarea que le tomará toda la noche bajo la luna. De tanto en tanto
intercambiaremos miradas, simplemente para comprobar lo que ya sabemos: que
estas cosas nos gustan a rabiar.
Y así por la mañana, cuando el despertador nos
levante al mediodía, poder contemplar las hermosas esculturas en el patio. Los
miraremos durante un rato, embelesados, como dos chicos en el parque, cientos
de caracoles gordos y carnosos antes que mamá por fin diga, ya es hora, y se
venga desde la cocina con la olla grande llena de agua y sal.
*Karina Di Pasquale. Zárate, provincia de Buenos Aires, Argentina. Nació
en 1968.
Es fotógrafa de profesión. Ha ganado cuatro premios de la Sociedad Argentina de
Escritores (SADE) en la categoría cuento y poesía, el último en 2024. Ha
ilustrado, con sus imágenes, varias portadas de libros y discos y, en
coautoría, un libro de poesía (Mona blanca trepada en el octavo, con
textos de Graciela Geller) y otro infantil, El viaje del Sr. Morrison
(con textos y fotografías de las maquetas de Juan Chavetta). Dicta talleres de
fotografía y escribe artículos para revistas literarias, como la revista de
formato virtual La Furia (España).
miércoles, 18 de marzo de 2026
"Descalzo mi piel" poemas de Juventina Soler Palomino
Una mujer antes de salirse de la boca...
de los dones y vicios que me prestaron
pero una mujer es un anclado alfiler en las pupilas de la vida
un arco iris de senos engendrados por la luz
suele ser una telaraña o la araña sin tela
todo a la vez.
Una mujer es un vientre abultado
después de nueve palabras y una noche
una lágrima precipitada sobre el mar
la sequía amaestrada en sus ojos
la vejez disimulada en la punta de la daga.
Descalzo mi piel
huérfana narración en la moneda triturada
del brazo me llevan hacia el lugar que bien conozco
sobre la indumentaria de la casa
donde mi familia fue eco destilado en la pared
y la carta esperada de vez en cuando
pero no es sólo
unas piernas abiertas y un clítoris húmedo
una lengua buscadora
puede subir a la palabra
aunque su hombre eche sábanas al fuego
y se ahogue con su propio falo
puede ser la madre que lleve a sus hijos en la lengua
y prepare el desayuno todas las mañanas
para el hombre que sobrevive a su propio falo.
buscarse en la impronta levedad de unas faldas
listas para navegar amansando un beso
en el estrecho espacio de su manzana.
Todos somos el desencuentro
un agua que culmina agotada e imprecisa
en las laderas del camino.
no vengas a decirme como tengo que salir de mi casa
ficha complementadora de un juego que nunca conocerás.
Bienvenidos son al púlpito
púlpito desempleado del alma
solitario púlpito donde espero
que llegue el hambre y la comida.
Todas las tardes desde el sillón
mi abuela su vida recordaba
se hundía en sus almohadones
en su café con leche tibio
mordiendo la tarde lentamente
recordaba al abuelo
me enseñó su velo carcomido
su cinturón de castidad
la foto donde mi abuelo la besaba
la besaba aunque esa noche
sepultó su cuarto en gritos.
Una mujer puede ser más que una abuela
más que un inocente grito
más que viejas fotografías extirpadas al tiempo
puede ser una irreverente hija
un carcomido velo florecido en el polvo.
Todas las tardes mi abuela repite:
la mujer látigo en la boca de la serpiente
la serpiente sale de la boca del hombre
porque ya se han dicho las promesas.
Mitigadora de su oculta letra
esparcida por la incertidumbre
cuando su leche amamantó una ciudad
sin embargo no importa
aguza tus harapos tus harapos de puta infinita
y espera a tus hijos
a los hombres que te regalaron su lengua.
Este desfile no culminará en la hoguera
pues la mujer en sus cacerolas guarda el primer beso
el himen que con gusto ofreció
son sus cacerolas las páginas de un cotidiano libro
que no leemos no importa
al fin salta ante nuestros ojos
en marcha interminable.
Descalzo mi piel
soy un violín ahorcado por sus cuerdas
amarras servidas en mis cumpleaños
pero amamanté una ciudad
de mis cacerolas mis hijos comerán
con la destreza de un hambre planificada
seremos la señal alentadora de un mito que aún persiste.
con los dones y vicios que me prestaron.
Soy el espectro de un suicidio infame,
mi propia hoja se oxida en mi cuello.
Silvia Plath.
hoy vuelvo de este amanecer sin camisa
a buscar la nostalgia de mi primer nacimiento.
Como una oscura bandera
me recibieron tal vez en una fecha
donde las arañas abandonaban sus casas
solo una casa para arrasarme del vientre
porque habría de ocurrir la tormenta
y mi alumbramiento.
cuando abrí los ojos y sostuve el beso de mi madre
que cegaría mi cuerpo
mi madre se hundió en mis mejillas tibias y blandas
y desapareció su boca.
Vivió callada mirándome crecer
sabía que morí un trece de febrero
y amoldó mi piel secó mi nariz
me rodeo de palabras a las cinco de la tarde
porque mi padre nunca llegó a tiempo.
donde las campanadas y trece cuchillos
penetraron mis lágrimas
después llegaron mis hermanas
la boca de mi madre seguía en las mejillas
y mi padre perdido entre mis setenta nacimientos
desgarrando una a una las herencias del horizonte.
de amigos y enemigos
juntos punzamos las cerraduras de los días
aunque mi puerta se abre solo a los amigos
misioneros acunando una estirpe
que se alimenta de bostezos
y mis enemigos –también en esta ciudad–
montados en sus cabezas
cosechan sus lenguas en las hojas
los adoquines el canto de la luz
crecientes lenguas
que tomo como agua bendita diariamente.
las guerras se suceden unas a otras
no encontré el último libro anunciado
tampoco hoce el amor en las pirámides de Egipto
Tuk–Tank– Amen no roció vino entre mis piernas
mi esposo escribe y tortura a las nubes
para que yo duerma
mis huesos sirven de tintero.
mis hermanos llegaron después
con el mar en la boca y el insomnio
cabalgando el pecho
sus hijos guardarán en sus mejillas
el amargo vino que fabrican al crecer.
Gracias por acomodar mi cabeza en las piedras
por no comprender y sonreír
con la última historia que me invento
por coser a sus pestañas
las innumerables maldiciones de mi existencia.
después que mi corazón se detuvo en el 1970.
Una mujer encinta de esta extraña ciudad
las nubes bendicen su vientre
agradece el calvario
revive huellas del pasado suicidios
noches de placer declaman sus poemas cual subastas.
Una mujer encinta de extraña ciudad
acumula madrugadas
cuando sus pechos son elegías donde reposan
el placer y la vida.
Domadora de insomnios la calle penetra su cuerpo
el secreto olvidó cambiar de rostro
gentes perseguidas sin retorno
las puertas se desnudan.
Huye en los peldaños de la tarde
y se escucha su voz como un cristal atravesado por flechas.
condenada a vivir dentro del hijo.
martes, 17 de marzo de 2026
"En un mundo de amor cabemos todas" obras de Yolanda Guasch Art
Su inquietud creativa va más allá del lienzo. También trabaja en la restauración y transformación de muebles, devolviendo belleza y singularidad a piezas olvidadas y convirtiéndolas en obras únicas. Le inspira el renacer de lo antiguo y la transformación de lo aparentemente inservible en algo lleno de nueva vida. Entiende la creación como un proceso orgánico, donde cada obra tiene su tiempo. Si surge el bloqueo, respeta el silencio creativo hasta que la inspiración regresa, disfrutando siempre del proceso como parte esencial de la obra.
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