Una mujer antes de salirse de la boca...
de los dones y vicios que me prestaron
pero una mujer es un anclado alfiler en las pupilas de la vida
un arco iris de senos engendrados por la luz
suele ser una telaraña o la araña sin tela
todo a la vez.
Una mujer es un vientre abultado
después de nueve palabras y una noche
una lágrima precipitada sobre el mar
la sequía amaestrada en sus ojos
la vejez disimulada en la punta de la daga.
Descalzo mi piel
huérfana narración en la moneda triturada
del brazo me llevan hacia el lugar que bien conozco
sobre la indumentaria de la casa
donde mi familia fue eco destilado en la pared
y la carta esperada de vez en cuando
pero no es sólo
unas piernas abiertas y un clítoris húmedo
una lengua buscadora
puede subir a la palabra
aunque su hombre eche sábanas al fuego
y se ahogue con su propio falo
puede ser la madre que lleve a sus hijos en la lengua
y prepare el desayuno todas las mañanas
para el hombre que sobrevive a su propio falo.
buscarse en la impronta levedad de unas faldas
listas para navegar amansando un beso
en el estrecho espacio de su manzana.
Todos somos el desencuentro
un agua que culmina agotada e imprecisa
en las laderas del camino.
no vengas a decirme como tengo que salir de mi casa
ficha complementadora de un juego que nunca conocerás.
Bienvenidos son al púlpito
púlpito desempleado del alma
solitario púlpito donde espero
que llegue el hambre y la comida.
Todas las tardes desde el sillón
mi abuela su vida recordaba
se hundía en sus almohadones
en su café con leche tibio
mordiendo la tarde lentamente
recordaba al abuelo
me enseñó su velo carcomido
su cinturón de castidad
la foto donde mi abuelo la besaba
la besaba aunque esa noche
sepultó su cuarto en gritos.
Una mujer puede ser más que una abuela
más que un inocente grito
más que viejas fotografías extirpadas al tiempo
puede ser una irreverente hija
un carcomido velo florecido en el polvo.
Todas las tardes mi abuela repite:
la mujer látigo en la boca de la serpiente
la serpiente sale de la boca del hombre
porque ya se han dicho las promesas.
Mitigadora de su oculta letra
esparcida por la incertidumbre
cuando su leche amamantó una ciudad
sin embargo no importa
aguza tus harapos tus harapos de puta infinita
y espera a tus hijos
a los hombres que te regalaron su lengua.
Este desfile no culminará en la hoguera
pues la mujer en sus cacerolas guarda el primer beso
el himen que con gusto ofreció
son sus cacerolas las páginas de un cotidiano libro
que no leemos no importa
al fin salta ante nuestros ojos
en marcha interminable.
Descalzo mi piel
soy un violín ahorcado por sus cuerdas
amarras servidas en mis cumpleaños
pero amamanté una ciudad
de mis cacerolas mis hijos comerán
con la destreza de un hambre planificada
seremos la señal alentadora de un mito que aún persiste.
con los dones y vicios que me prestaron.
Soy el espectro de un suicidio infame,
mi propia hoja se oxida en mi cuello.
Silvia Plath.
hoy vuelvo de este amanecer sin camisa
a buscar la nostalgia de mi primer nacimiento.
Como una oscura bandera
me recibieron tal vez en una fecha
donde las arañas abandonaban sus casas
solo una casa para arrasarme del vientre
porque habría de ocurrir la tormenta
y mi alumbramiento.
cuando abrí los ojos y sostuve el beso de mi madre
que cegaría mi cuerpo
mi madre se hundió en mis mejillas tibias y blandas
y desapareció su boca.
Vivió callada mirándome crecer
sabía que morí un trece de febrero
y amoldó mi piel secó mi nariz
me rodeo de palabras a las cinco de la tarde
porque mi padre nunca llegó a tiempo.
donde las campanadas y trece cuchillos
penetraron mis lágrimas
después llegaron mis hermanas
la boca de mi madre seguía en las mejillas
y mi padre perdido entre mis setenta nacimientos
desgarrando una a una las herencias del horizonte.
de amigos y enemigos
juntos punzamos las cerraduras de los días
aunque mi puerta se abre solo a los amigos
misioneros acunando una estirpe
que se alimenta de bostezos
y mis enemigos –también en esta ciudad–
montados en sus cabezas
cosechan sus lenguas en las hojas
los adoquines el canto de la luz
crecientes lenguas
que tomo como agua bendita diariamente.
las guerras se suceden unas a otras
no encontré el último libro anunciado
tampoco hoce el amor en las pirámides de Egipto
Tuk–Tank– Amen no roció vino entre mis piernas
mi esposo escribe y tortura a las nubes
para que yo duerma
mis huesos sirven de tintero.
mis hermanos llegaron después
con el mar en la boca y el insomnio
cabalgando el pecho
sus hijos guardarán en sus mejillas
el amargo vino que fabrican al crecer.
Gracias por acomodar mi cabeza en las piedras
por no comprender y sonreír
con la última historia que me invento
por coser a sus pestañas
las innumerables maldiciones de mi existencia.
después que mi corazón se detuvo en el 1970.
Una mujer encinta de esta extraña ciudad
las nubes bendicen su vientre
agradece el calvario
revive huellas del pasado suicidios
noches de placer declaman sus poemas cual subastas.
Una mujer encinta de extraña ciudad
acumula madrugadas
cuando sus pechos son elegías donde reposan
el placer y la vida.
Domadora de insomnios la calle penetra su cuerpo
el secreto olvidó cambiar de rostro
gentes perseguidas sin retorno
las puertas se desnudan.
Huye en los peldaños de la tarde
y se escucha su voz como un cristal atravesado por flechas.
condenada a vivir dentro del hijo.
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