Me reconozco
No añoro los besos, ni los abrazos.
No tengo morriña de manos que me busquen,
ni de labios que me llamen.
Estoy serena.
Ya no pienso con mi sexo loco e impaciente.
Estoy sosegada.
Soy independiente de cariño ajeno.
Soy capaz de quererme,
sin ser una consentida.
Estoy templada.
Soy adulta.
Siento mi feminidad como un pavo real que expone sus plumas por simple placer,
con la libertad del que puede.
Soy mujer, me siento mujer sin necesidad de reafirmación externa.
Soy yo, justo ahora que hace unos minutos me dije:
Me siento perdida.
adulta, templada, sosegada,
queriendo sin necesitar querer.
Respiro y el miedo ya no existe aquí.
Me siento completa con y sin nadie.
Entonces sé que mi largo camino ha terminado.
Sé que lo bueno es un idioma nuevo que debo aprender.
esas que salieron de mi garganta
cuando tenía voz
y mis neuronas me amaban.
Deseo recordar quién fui,
pese a la juventud,
al romanticismo
y a Baudelaire que me pisaba los talones
con su tristeza desgarradora.
Besar nobles calaveras de amores usados,
sin comprender que los cadáveres de corazones rotos
que dejaba a mi paso
eran personas,
seres que como yo
nos deleitábamos en nuestros pequeños patetismos.
Quiero volver a oír mi voz,
con un discurso que me pertenezca,
con unas ideas que no suden
de lo usadas que están,
detenerme a admirarlas y cuidarlas
porque en el idealismo que murió
residía esa inocencia
que juré no perder jamás.
Ansío a veces lograr esa calma
de las ramas mecidas por el viento
justo antes de la tormenta de verano
que arrasa con todo,
y besar mi sombra en el espejo amplio,
y desamordazarme,
ver resurgir el deseo que ya estaba yermo.
Quiero amarme
con el candor que otorga la alta autoestima,
abrazarme fuerte para asegurarme
que pese a todo,
cuando falten la voz,
las palabras,
las neuronas
y mi reflejo en el espejo,
aún me quedará una chispa en mi corazón
para amarme
sea ya quien sea
la versión de mí
que se refleja con el agua clara.
Dar, es la sandez hecha persona y acto.
Dar, es mi naturaleza, mi extensión vital,
la razón de mi tamaña estupidez.
Dar, es el ejercicio de la desazón.
Dar, es lo que me destrozó por dentro.
Dar, son mis silencios cuando sé que ni los pidieron ni los quieren.
Dar, es recibir desprecio.
Dar, rara vez ha resultado.
Dar, con las palabras y los silencios.
Doy con mi corazón y mi simpleza abiertos.
Doy y me devuelve, dolor,
desarraigo, vacío, soledad.
Hay que saber dar, aunque a mí no me den.
Hay que saber dar, tanto como hay que saber perder en darse.
Dar, perder con el hacha clavada.
Sentirse perdida.
Ser rechazada por la crueldad que no sabe que es desalmado.
Entonces, dejar de darlo todo.
Vuelve a girar la rueda.
Pero al final, siempre acabo por volver a darme.
*Ainhoa Escarti es una escritora
española nacida en Cádiz. Desde temprana edad, mostró una pasión por la
escritura, creando su primer cómic a los seis años. A lo largo de su carrera,
ha explorado diversos géneros literarios y ha publicado múltiples obras. Entre
sus libros destacan "La muchacha de la ventana" (2013), La saga
"Todas las cosas que escribí cuando ninguno de ellos miraba"
(2014-2019) "Descorazonados" (2014) entre sus más de 14 obras. Además
de su labor como autora, Ainhoa ha colaborado como articulista de opinión en
medios como Nuevo Diario, Revista La Oca Loca, WeLoverSize y Revista Nuevo
Enfoque Colombia.
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